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viernes, 21 de octubre de 2011

El Caribe, la pasión de Edgar Rey Sinning

“El Caribe esconde en su seno muchos secretos, muy bien guardados. Sus tradiciones y costumbres, son dignas de admiración, la herencia cultural que nos dejó esta tierra es más que simple tabú”.



Edgar Rey Sinning, es un hombre que nació a las orillas del río Magdalena, comenzando la segunda mitad del siglo XX, en un municipio llamado Santa Bárbara de Pinto, en 1951. Rey, considera que en su infancia fue un niño normal, que solo tenía muchas ganas de triunfar, todo aquello por medio del estudio y la lectura.
“Pienso que era muy desordenado, me gustaba jugar mucho al fútbol y me fascinaba bañarme en el rio desde niño, creo que a los cinco años ya cruzaba nadando el rio por ese pedazo”.
Este personaje que repitió seis veces segundo de primaria por el hecho de que en su pueblo natal, Pinto la educación básica solo llegaba a este grado, tuvo la dicha de llegar después a Magangué, a continuar con sus estudios de primaria y comenzar el bachillerato. Después llegó a Santa Marta a culminar su secundaria en el Colegio Agustín Codazi, una escuela privada que ya no existe, y se graduó en el Colegio Hugo J. Bermúdez en 1972.
“Mi mamá fue una persona clave en mí, ella era maestra rural, de ella aprendí la dedicación, la devoción, el respeto, la honradez, la transparencia, es decir, aprendí muchos valores, aprendía a ser un buen ciudadano, creo que lo único que no le acepté fue ir todos los días a la misa, sin embargo, creo que aún así ella me brindó la educación que deseaba”. 
El sociólogo cuenta que ser hijo de una maestra, era casi que vivir y convivir con un salón de clases. Tener una educadora en la casa “no era solo tener una profesora de escuela, sino también una maestra de la vida”. Guillermina Sinning, era ésta mujer, a quien él llamaba mamá, la cual con su forma de ser y su correcto proceder le enseñaba las cosas que debía y necesitaba aprender. 
Rey, vivió en Pescaito, un barrio tradicional de Santa Marta, del cual se despidió para ir a estudiar antropología en la ciudad de Bogotá, sin embargo esto no pudo ser así pues ésta carrera solo se conseguía de manera diurna en la Universidad Nacional. En aquella época Edgar dictaba clases de ciencias sociales en un colegio de bachillerato en las horas del día, por esto estudió licenciatura en ciencias sociales, pero luego de haber comenzado esta carrera decidió retirarse y comenzar a formarse como sociólogo en la nocturna de la Universidad Cooperativa de Colombia de ésta ciudad. 
Ese ambiente sociocultural de Pinto, de camaradería, donde todos se conocen con todos, hicieron que Edgar Rey Sinning se enamorara del Caribe. Él explica que este mismo ambiente es el que crea toda esta riqueza cultural que se ve expresada en los cantos y los ritualismos heredados de los españoles y los indígenas chimilas, y por esto fue conociendo y aprendiendo acerca de este mundo, la cultura anfibia, el comportamiento del hombre y la mujer. 
Edgar, es un hombre que sin duda tiene casi que cronometrado cada segundo de su día, pues al ser secretario de Educación del Magdalena, presentador del magazín Diálogos Regionales en TeleCaribe y docente de dos universidades como lo son la Sergio Arboleda, seccional Santa Marta y la de Cartagena, le queda poco tiempo para su familia y amigos. 
Éste hombre, tuvo sus primeras experiencias como escritor de crónicas en EL INFORMADOR, de Santa Marta, publicando en el sus escritos hasta tres veces por semana. Además, cuando se daba el festival de la canción estudiantil en el Colegio Liceo Celedón, en 1968, realizaba informes de los sucesos relevantes en dicho festival, hablaba en ellos de Los Beatles, Sandro, Leonardo Fabio y Rafael, entre otros artistas de la época.
En 1968, tuvo la idea de hacer un periódico que es aquel tiempo imprimió en el mimeógrafo, a este periódico, lo nombró APAM, lo que significaba amor, paz y música, en este nombre se condensaba lo que pensábamos jóvenes pacifistas, influenciados por los hippies y por la guerra de Vietnam en la que no querían que siguieran matando vietnamitas por parte de los norteamericanos y luchaban para que cesara la invasión a este país y también a Cuba. 
En el periódico APAM, escribían acerca del amor, la paz y la música, además de incluir obviamente algunas notas deportivas, o tal vez algún crucigrama. Rey, lamenta no haber guardado ninguna copia de este periódico pues considera que siempre será uno de los más gratos recuerdos y experiencias de aquellos años. 
En 1995, se vinculó a la Universidad Sergio Arboleda, dictando la cátedra de teoría del conocimiento en la Escuela de Derecho de la seccional Santa Marta. Actualmente dicta un seminario llamado Conflicto Caribe la cual forma parte de un seminario que dicta en una especialización de la Universidad de Cartagena, que es una reflexión de cómo es la cultura Caribe, en relación con el conflicto regional. 
“Conflicto Caribe, es explicarle a los muchachos cómo la fortaleza de la cultura Caribe popular, exuberante y fuerte se va transformando, y cómo tuvo una dinámica en los últimos años para convertirse en un territorio muy complicado.”
“Nosotros antes vivíamos en un lugar considerado en mejor vividero del mundo. De pronto de la noche a la mañana sin darnos cuenta, se convirtió en un hervidero, en una guerra mortal, llena de violencia, de este conflicto, esta muerte, esta masacre en la que cayeron indígenas cancuamos, políticos de izquierda y de derecha, campesinos y demás. Entramos en una vaca loca de muerte”. 
Edgar Rey Sinning, es un hombre apasionado por lo que hace, que demuestra su amor profundo por nuestro hermoso Caribe y quien sin duda día a día trabaja con empreño en su incesante labor de hacer que esta bella tierra bendecida por Dios siga mostrando su esplendorosa cultura llena de majestuosidad.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

El Rodadero, más que playa, brisa y mar


Muchos pensarán que al llegar a las playas de El Rodadero, solo encontrarán entretención en con el mar o las discotecas, sin embargo, ahora existe otra buena manera de pasar la noche tranquilamente frente a la luna plateada y la brisa marina.

Hoy los músicos de nuestro Caribe, llegan cada noche a las playas de El Rodadero a interpretar sus notas, caminando y ofreciendo a cada persona sus servicios de serenata a muy buen precio, como otra forma de darle al turista y al local una plácida entretención.
Estos hombres que llegan con sus guitarras y acordeones, interpretando boleros, baladas y vallenatos, se acercan a esta zona, no solo con el fin de dar distracción sino también con el propósito de brindarles un mejor futuro a sus familias, a través de su oficio, la música.
Un vivo ejemplo de esto es el señor Luis Enrique Gutiérrez, nacido en Valledupar y quién, con el sueño de ser músico llegó a las calles de Santa Marta en busca de un mejor porvenir, y hoy se dedica a darle música vallenata a todo el que se lo pida, para luego ofrecerle a sus hijos educación salud, vivienda, vestido, y todo aquello que surja en el camino.
Quién desde pequeño araba la tierra entre chiflidos y cantos, en la finca de su padre llamada “Tres Amaneceres”, hoy es un hombre que trabaja luna a luna para darle una vida digna a Graciela, el amor de toda su vida y sus cuatro hijos, ese mismo hombre que ahora nos cuenta que “a pesar de ser este un trabajo como todos los informales, siempre lleno de desventajas e inestabilidades, nunca sería capaz de dejarlo, porque además de darle el sustento diario, es su gran pasión”.
Él se define como representante de una cultura, la cultura vallenata, y como no hacerlo si lleva 35 años en el oficio, desde los 10 años tocando el acordeón. Nunca se atrevió a participar en el Festival Vallenato que se realiza anualmente en el Cesar, porque opina que en este “hay muchos manejos que no comparte”.
Este personaje que elogia principalmente a su padre, que fue su mentor y de quien heredó el talento, siempre ha pensado que “con lo que se nace, eso nadie lo quita” y por eso admiró tanto a artistas como: Luis Enrique Martínez, Alejo Durán, Juancho Polo Valencia, Juancho Roiz, destacando de ellos esa parte original, innata, creativa, natural y empírica que los hacía sobresalir ante la sociedad.
El segundo de tres hermanos, es un orgulloso de su dinastía, todos apasionados por la música, uno de ellos también acordeonero y el otro cantante y percusionista.
Kike, como lo llaman cariñosamente sus amigos, se dio a conocer en Santa Marta en unas Fiestas del Mar, cuando pasando por el parque Simón Bolívar se encontró con unos cubanos que solicitaron sus servicios, esa noche el público no solo fueron los extranjeros. Muchas personas que pasaban por la zona se quedaban escuchando y pedían se número de teléfono, para futuras parrandas o serenatas. Así comenzó todo.
A pesar de ser este un oficio muy fluctuante, Luis Enrique y su agrupación, “Kike Vallenato” cobran por hora $160.000 en temporada turística en El Rodadero, cantidad que se reparte entre nos integrantes del grupo de manera equitativa.
Su escenario siempre es el mismo, debajo de un cielo estrellado, una luna expectante, sobre la arena ya no tan caliente, frente a la inmensidad del mar y deleitando tal vez una pareja que esté de luna de miel, o un grupo de amigos que se fueron de parranda, o a una familia que quiso cambiar de ambiente, sin embargo sea como sea, el objetivo siempre será el mismo, complacer a su público y trabajar por un mejor mañana.